
Oriel Briant, la bella profesora asesinada de 23 puñaladas y dos balazos en City Bell
télam
Durante el frío invierno de 1985, Federico Pippo era el villano del momento, a pesar de que su esposa, Aurelia Briant, más conocida como “Oriel”, había sido asesinada un año antes. Ese crimen aún desvelaba a la opinión pública.
Recién a los 13 meses, ese sujeto fue arrestado por primera vez, aunque tuvo la dicha de salir en libertad dos semanas más tarde. Pero, ya a mediados de septiembre, sus dos hermanos, Alberto y Esteban, junto a la madre del trío, doña Angélica Romano de Pippo, terminaron súbitamente tras las rejas en razón a los dichos del sobrino de ésta, Néstor Romano, quien permanecía alojado en la Brigada de Banfield. Todo indicaba que el regreso del viudo a una celda se produciría de un instante a otro.
En tales circunstancias, la estrella de “Nuevediario”, José de Zer, logró entrevistarlo “en exclusiva”.
La cámara –en manos del genial Carlos Torres (a) “Chango”– se había clavado en un inamovible primer plano. “Me siento totalmente perseguido. Quieren encontrar a un culpable, sí o sí, dentro de mi familia”, fue una de las respuestas de Pippo.
Había que ver la mirada gélida del tipo y oír su voz monocorde, sin un ápice de nerviosismo o pesar. Su testimonio fue emitido durante la tarde del 15 de septiembre. En ese mismo momento, él ya era llevado otra vez a la cárcel.
“Nuevediario” trepaba así a los 45 puntos de rating.


