El precio del silencio: el crimen de Elena Holmberg

La diplomática argentina fue secuestrada y asesinada por grupos operativos de la Escuela de Mecánica de la Armada, que cumplían órdenes del exalmirante y genocida Emilio Massera para que no revelase pormenores del financiamiento y el funcionamiento del Centro Piloto de París.

Política Por: télam 27 de noviembre de 2021
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Ya había caído la noche del 20 de diciembre de 1978. Una noche pegajosa e infernal, tan infernal como la vida cotidiana bajo la última dictadura. Pero ello no impedía que, en ese tramo de la avenida Santa Fe, las luces de las vidrieras impregnaran semejante maldición histórica con un aire navideño.

Exactamente a las 20.45, un Fiat 128 Rural dobló por la calle Uruguay, y su conductora, una mujer menuda de mediana edad, aminoró la velocidad al acercarse al garaje situado casi en la esquina con Arenales. En ese instante, la cruzó un Chevy celeste, de cuya cabina saltaron dos siluetas armadas.

La acción fue breve y muy profesional: la mujer fue sacada del Fiat a los tirones. Ella se resistía y hasta llegó a pedir auxilio, pero la silenciaron con un culatazo mientras la metían a golpes al otro vehículo. Así se la llevaron.

Los pocos peatones que vieron la escena retomaron sus pasos sin abrir la boca, tal vez pensando que la víctima “algo habría hecho”.

Pero, pese al inequívoco carácter policial o castrense de sus hacedores, aquel no había sido precisamente un “operativo antisubversivo”.

 

París era una fiesta

En la repartija ministerial acordada tras el golpe de Estado por los integrantes de la Junta Militar, la Armada obtuvo –entre otras carteras– la Cancillería. De modo que al frente de la misma fue designado el vicealmirante Oscar Montes. Éste, no obstante, envió a París a un sujeto vinculado al Ejército: el embajador Tomas de Anchorena, quien allí se topó con la señora Elena Holmberg.

Ella en realidad era una diplomática de segunda línea pero su influencia era notable. Porque, en el aspecto práctico, la legación había quedado en sus manos en el lapso comprendido entre la partida del embajador peronista y la llegada de Anchorena. Además, a los 45 años de edad, aquella mujer petisa, enjuta, de aspecto torvo, carácter áspero y visceralmente gorila, pertenecía a una familia de prosapia, siendo su primo hermano nada menos que el teniente general Alejandro Agustín Lanusse, por lo que el Ejército la consideraba una de las suyas. Claro que también había otra razón que apuntalaba su cuota de poder: los informes sobre “extremistas” exiliados que ella escribía y enviaba semanalmente al Palacio San Martín, con copia al Edificio Libertador.

Se dice que esos papers secretos inspiraron al almirante Emilio Eduardo Massera en la creación del Centro Piloto de París (CPP), con el doble objetivo de hacer  inteligencia y contrarrestar la denominada “Campaña Antiargentina en el Exterior”. Aquello comenzó a organizarse en julio de 1977, once menes antes del Mundial de Fútbol en Argentina.

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