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Otras dos mortales tomas de rehenes

En 1999, la llamada Masacre de Villa Ramallo terminó con dos rehenes y tres delincuentes muertos por balas policiales. Seis meses después, un asalto en una concesionaria de Villa Urquiza derivó en una huida con los dos asaltantes abatidos en el el barrio porteño de La Paternal.

Sociedad 06 de octubre de 2021 télam télam
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La masacre de Villa Ramallo

Parecía una tranquila mañana más en Villa Ramallo. Tres hombres ingresaron a la sucursal del Banco Nación porque habían averiguado que la caja fuerte estaba más repleta que lo habitual. Sin embargo, a un vecino le pareció sospechosa esa presencia y alertó a la policía.

Minutos después llegó un patrullero y lo que nació como un robo terminó en una toma de seis rehenes, entre ellos, el gerente del banco, Carlos Cháves, su esposa, Flora Lacave, y el contador, Carlos Santillán. Los delincuentes iniciaron una difícil negociación porque no estaba en sus planes entregarse y mucho menos irse con las manos vacías.

Al cumplirse diez horas de diálogo con un mediador del Grupo Halcón, a eso de las nueve de la noche, accedieron a liberar a dos de los rehenes; tres horas después, a otro más, a cambio de las llaves del tesoro.

Cuando faltaba poco para el amanecer, mientras que uno de los delincuentes, Martín Saldaña, seguía con las negociaciones, los otros dos decidieron intentar una fuga en el Volkswagen Polo del gerente. Precisamente Chávez iba al volantes, con un pan de trotyl adherido a su cuello. En el asiento del acompañante, uno de los asaltantes viajaba escudado por Flora Lacave, y atrás, el otro, usando a Carlos Santillán como escudo humano. Una fuga transmitida en directo por todos los canales de noticias.

Cháves puso primera lentamente pero de pronto sucedió lo peor: Una balacera de más de 170 disparos, de los cuales 46 impactaron en el Polo y en los ocupantes. Carlos Cháves y Carlos Santillán murieron en el acto, lo mismo que Javiier Hernández, el líder de la banda. El otro delinuente, Carlos Martínez, resultó gravemente herido, mientras que Flora, de milagro, saliló ilesa.

Saldaña, el ladrón a cargo de las negociaciones, fue detenido y alojado en una celda de la comisaría 2 de Villa Ramallo, donde al día siguiente fue encontrado ahorcado, aunque muy pocos creyeron -y creen- que se trató de un suicidio.

Años más tarde, el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario condenó a dos policías bonaerensesa 20 y 18 años de prisión por haberasesinado a dos rehenes;otros cuatro efectivos recibieron penas de entre dos y diez años por haber disparado sin prever que podían matar inocentes y uncomisario inspector, a dos años por no haber preservado la escenadel crimen.

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